martes, 13 de marzo de 2012

Ballet a la libertad





Nada como un doloroso golpe de brazo, contra el mueblecito que está alado de la cama, para empezar el día lunes del terrible fin de semana que tuvo, al fin iría a trabajar, pero, aún manteniendo el silencio, se dio cuenta de que el terrible novio, al que ya en su mente llamaba como “el imbécil” no estaba a su lado para molestarla, hace poco lo habría sentido, ya que los hombres tienen esa capacidad innata de ser de temperaturas calientes, que regularmente, es beneficioso, pero para estas aturas, Eduarda preferiría dormir en el frío de la cama vacía que alado de semejante máquina de calor desagradable..

No escuchaba ningún ruidito, regularmente, Carlos solía preparar el desayuno o andar por ahí a la madrugada estorbándole el sueño a la cansada mujer que había despertado a la madrugada, solamente a pasar más malos ratos..

“ahh fingiré que estoy felizmente sola, hasta que el imbécil aparezca…” se levantó, sonriente por el silencio.. Salió de la habitación.. Desperezándose.. Respirando profundo el aroma de la soledad y al llegar a la sala.. Se topa con una botella vacía de cerveza, que casi le provoca una magnífica caída, si no fuera por esos reflejos felinos, estuviera sumergida en medio del resto de botellas que se encontró más adelante…

“Oh por Dios, otro error más del imbécil, será que hoy me puedo ir a trabajar en paz!!!?..”

A voltearse, miró al bulto, que imaginó, habría pasado la noche enfriándose, se habría acostado, y luego despertado nuevamente, lo miró con cierta indiferencia, y empezó a alegrarse por lo que le esperaba.. Que el no iría a trabajar en ese estado, por lo que lo regañarían, pensó en su horrible dolor de cabeza por la cruda.. Y así, pensaría en el resto de consecuencias que esta actitud, le beneficiaría a ella y a su hambre de justicia, aunque luego, en una milésima de segundo, se fijó que más que bien, le haría muchos males si empezaba a preocuparse demasiado, solamente quería dejarlo en un estado suficiente como para poder ir a trabajar, y que el no le reclamase después que lo “abandonó” a su suerte..

Luego de hacer un breve conteo, unas 12 cervezas no sería la gran cosa para un tipo como él, Eduarda extendió el brazo y topeteando su cuerpo semidesmayado le dijo; “Carlos, levántate.. Recuéstate en la cama o algo, es lunes, por si no te has dado cuenta, deberías ir a trabajar”

El hombre, totalmente ebrio de dolor, mas que de alcohol, extendió su mano mientras lloraba y le dijo; “ No te vayas, abrázame!..” esa actitud la enfureció tanto, que se arrepintió de haberlo despertado profundamente, se dio la vuelta, entró a su cuarto, y se vistió, sin bañarse esta mañana, no soporta un minuto más…

Al salir, por supuesto, sin desayunar, que hambre tendría después de semejante episodio, recordó que obligatoriamente tendría que pasar por la sala para salir y, rogando por que el desgraciado.. (si, subió de categoría) se haya vuelto a dormir en la misma posición..

Rogando más aún por poder aprovechar el momento para escabullirse y escapar, anduvo sin zapatos en medio de la sala, evadiendo las botellas.. Delicadamente, como aprendió en el ballet años atrás.. Recogió la llave, abrió la puerta y al salir, la cerró delicadamente.. Mientras cerraba la puerta delantera.. Sintió como le temblaba el cuerpo, tenía miedo, que situación más desagradable, seguramente, esto no terminaría apenas en este instante.. Lo peor estaría por venir.. Un motivo más para escapar.. Y un paso más hacia la libertad…

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